Iom Kipur: cómo pedir disculpas al prójimo

Gran Rabino Isaac Sacca – Octubre 2024

Con la llegada de Iom Kipur, es común recibir decenas de mensajes genéricos pidiendo disculpas: «si este año te ofendí o hice algo malo, quiero pedirte perdón». Pero, ¿es correcta esta actitud? ¿Cuál es el origen de este comportamiento?

Iom Kipur es un día de perdón y expiación. En preparación para este día sagrado, es fundamental realizar una introspección y una corrección sincera de nuestras faltas. Para llevar a cabo este proceso de manera efectiva, es importante distinguir entre dos tipos de transgresiones: las cometidas hacia Dios y las cometidas hacia el prójimo. Cada una requiere un enfoque particular para lograr una auténtica expiación.

Las faltas cometidas hacia Dios afectan la relación de la persona con el Todopoderoso. En estos casos, la confesión sincera y el firme propósito de no repetir el error son suficientes para obtener el perdón Divino.

Por otro lado, las faltas cometidas contra el prójimo no se resuelven únicamente con la confesión ante Dios. Es necesario reconocer el error directamente ante la persona afectada, compensarla en la medida de lo posible y recibir su perdón. Solo cuando el afectado haya perdonado de corazón, Dios estará dispuesto a perdonar esa falta. Es importante aclarar que si una persona pide perdón de manera sincera hasta en tres ocasiones y no es perdonada, ya no recae sobre ella la responsabilidad.

Este principio nos ayuda a comprender la costumbre popular de pedir disculpas de forma genérica. La gente tiende a pensar que esta práctica es suficiente para aliviar su conciencia. Sin embargo, esta actitud es incorrecta. Pedir perdón correctamente implica ser específico y sincero. Una disculpa real debe ser personalizada, concreta y honesta, idealmente cara a cara, expresando algo como: «Quiero disculparme por lo que hice en tal ocasión, reconozco que estuve mal y te causé daño de esta manera».

Esta forma de disculpa es mucho más auténtica y genuina ya que refleja un verdadero arrepentimiento y un deseo auténtico de mejorar la relación con el prójimo y con Dios. Si implementamos esta manera de disculparnos, vamos a poder vincularnos afectivamente con otras personas y con Dios desde un lugar mucho más sincero y honesto.

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